Acerca de la masturbación y un guiño gracioso del hebreo
En el español, un término asaz grosero para referirse a quien se masturba es el de “hacerse la paja”. Interesante es analizar esta expresión a la luz de la misteriosa simpatía vibracional que parece existir en algunas palabras casi homófonas entre el hebreo y el castellano.
En hebreo, pajam es la palabra para carbón.
Esto podría no tener relación con la expresión antes mencionada, pero pareciera establecerse un nexo arcano entre tal actividad y el carbón, enlazados mediante la extenuación de la energía contenida en el semen, tan conocida a través de las doctrinas hindúes acerca de Kundalini.
También entre los hebreos la masturbación es algo negativo, si tenemos en cuenta lo que se cuenta de Onás, quien fue castigado por haber derramado su simiente en la tierra.
Lo interesante es que mediante este nexo fonético entre la palabra paja (referida al semen) y el carbón, se establece una relación implícita entre ese estado imperfecto de la materia representado por el carbón, de índole alquímica, y el semen desperdiciado.
En las doctrinas alquímicas (como en las hindúes) el semen debe ser sublimado y elevado a las regiones elevadas del organismo, para hacer ascender a la serpiente Kundalini, el caduceo de Mercurio, hasta la cavidad craneana, y su desperdicio como una aberración. Esto es lo que parece ser rozado de manera inconsciente en la expresión castellana vulgar “hacerse la paja”, si la asociamos cabalísticamente con el término hebreo para carbón, pajam, ya que se vincularía el desperdicio de semen con la materia prima en estado bruto, el carbón (afin al plomo) así como la materia totalmente sublimada se asocia por analogía al diamante, o al oro.
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