viernes, 16 de marzo de 2012

Sobre la fe y la idolatría en dos palabras hebreas

Sobre la fe y la idolatría en dos palabras hebreas


Ya he reflexionado en otra ocasión sobre la palabra mamón, que significa dinero en hebreo y que hace referencia a una antigua divinidad pagana filistea, y su relación con la palabra emunah, que significa fe.
De manera que el dinero es una especie de materialización de la fe, y un sustituto idolátrico que suplanta a la confianza en el Creador como dispensador eterno; quienes se dejan anegar el corazón con la mem que inicia a la palabra mamón, suplen la confianza en la infinita generosidad divina, en Dominus providebit, con un ciego y desesperado atesoramiento de riquezas… esto es lo que sucede con las palabras emunah, confianza, fe, y mamón, el dinero que es un sustituto demoníaco de esa tranquilidad depositada en que D’os sabrá darnos a su debido tiempo lo que a su debido tiempo necesitemos.
Pero quiero rescatar aquí otra pareja de palabras: emunah y temunah, fe e imagen, en la segunda de las cuales hace su aparición la tau, esa letra final tan temida que apuesta por una huída desenfrenada a los últimos recursos, a la materialización, al aferrarse a mecanismos pueriles cuando no se halla la paz para esperar ni para razonar con más calma.
Temunah significa imagen y, como es sabido, la verdadera fe puede ser suplantada, en un intento desesperado por aferrarse a algún leño cuando el barco de la vida está por naufragar, mediante el apego a alguna baratija, una estatua, un ídolo, una representación del Sujeto de quien emanan todos los auxilios que tan anhelosamente reclamamos en instantes de zozobra espiritual.
Por eso, creo ver en esa palabra, temunah, mediante la tau que la endurece en su inicio, una idolátrica cristalización, una ignorante momificación de la fe, emunah, de manera que ambas palabras retratan dos percepciones muy diferentes de la asistencia divina; la primera, ve la fe verdadera en la fuerza del Creador como el sustento para todas sus inquietudes; la otra, se vale de simulacros, espejismos y nieblas como baratijas en las cuales poder anclar sus ansias de tranquilidad.
Al igual que los que adoran a topos y murciélagos, esos idólatras que prenden velas a imágenes, dignos de compasión, aun cuando no menos escuchados por D’os, Quien, en su infinita compasión y misericordia, atiende todas las súplicas y no rechaza ninguna, aunque los medios a través de los cuales los hombres se acercan a Él no sean los más elevados.

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