viernes, 16 de marzo de 2012

Serendipias y Sincronicidades

Serendipias y Sincronicidades

Se denomina serendipia, o serendipidad al hallazgo de algo de manera casual, el descubrimiento de algo que es un gran invento o un saber trascendente, mientras buscábamos otra cosa. Es, pues, algo que “se nos da”, una generosidad de las fuerzas celestes para mejorar ago de nuestra condición de hombres.

Estos hallazgos tienen un nombre: serendipity. El término lo acuñó el escritor británico Horace Walpole en 1754, para indicar la habilidad que tenían los protagonistas de un cuento persa, The three princess of Serendip: “siempre descubrían, por accidente o por sagacidad, cosas que no estaban buscando”.

¿Existió este sitio, existió realmente Serendip? Serendip es la trascripción inglesa del nombre persa de la isla del Índico conocida hoy como Ceilán, cuyo nombre actual es Sri Lanka.

Serendipity durmió durante siglos, hasta que resucitó para aludir al descubrimiento científico casual: una de las primeras menciones es de la revista Scientific American en 1955: "Our story has as its critical episode one of those coincidences that show how discovery often depends on chance, or rather on what has been called _serendipity'---the chance observation falling on a receptive eye".

El término tuvo tal éxito que hasta dio lugar a libros: R.M. Roberts Serendipia. Descubrimientos accidentales en la ciencia (Alianza Editorial, 1989). Su fama científica es más extensa aun: uno de los proyectos de búsqueda de vida extraterrestre se llama también Serendip. Pero cuando apareció la WWW, muchísimas personas descubrieron que era perfecto que existiera un término para unos hallazgos que pronto se convirtieron en parte integrante de la vida de la red...

Tal reza, más o menos un artículo que hallé en la www, pero que no fue una serendipia. Yo busqué el término específicamente, con conocimiento de causa (sin saber bien su significado, pero no indagando otra cosa).

Por eso en este caso no fue un descubrimiento serendipíco el arribar al significado de la palabra, puesto que la busqué adrede y puntualmente pero a lo largo de mis lecturas y estudios, sí que se han dado encuentros serendípicos...

Pero quiero relacionar en este texto la serendipia con otro concepto tan complejo y como hermano suyo: el de la sincronicidad de Jung.

La sincronicidad tiene un no sé qué que roza el tema de la serendipia. Consiste en una simultaneidad que a primera vista parece casual, pero la posibilidad de que esta confluencia sea una casualidad tiende a cero, en el límite de lo improbable, y es como un guiño de una inteligencia superior que nos resulta racionalmente incomprensible, pero que intuimos.

Percibimos, gustamos la existencia de una arquitectura elevadísima que rige esos fenómenos y que parece asomarse, pero a la vez parece no querer mostrarse de manera franca (sus razones tendrá). En el relato de Isaac Asimov Mi nombre se escribe con S, hay una relación entre el azar (como malentendemos nosotros) e inteligencias superiores (causas verdaderas de fenómenos inexplicables), de otros planos de realidad, narración que justamente por su carácter de creación o invención ficcional, pueden ser un intento de explicación, o al menos la única forma de acercamiento de nuestras posibilidades intelectuales, a la forma en que se dan estos actos insospechados para la mayoría de los hombres, pero sospechados a la vez por algunos. Son, me parece, uno de los más fuertes argumentos que demuestran la presencia de lo trascendente en nuestro mundo material, después del amor, el pensamiento y la conciencia mismos.

La sincronicidad reviste a veces la forma de hallazgos casuales, de manera súbita, de algo que uno buscaba afanosamente en un momento dado, y no encontraba, y que después es como que "se ofrecen" cuando no son ya solicitados (como si el destino obrara a veces como una veleidosa y cruel Ma dame de trovador). Jung lo denomina sincronía... un tipo de coincidencia que tiene que ver, me parece, con la energía de la mente humana y de su capacidad para obrar demiúrgicamente, pero sólo si no lo hace directamente, sino oblicuamente, no coercionada por una voluntad que le repugna o la obnubila... como el querer mirar una estrella, que sólo se alcanza mirándola de soslayo, y no se entrega a la solicitación directa.

Famosas son las grandes coincidencias en que el destino parece demostrar una cuota de humor…
Como el naufragio en que el único sobreviviente fue un tal Hugh Williams, allá por 1664, y unos años más tarde, en 1765, hubo otro naufragio en el que el único sobreviviente fue también (oh maravilla!) un hombre llamado Hugh Williams, pero el colmo de lo bizarro es que se volvió a producir lo mismo en 1860… y ya uno queda boquiabierto y pasmado…

En mi vida personal, puedo contar una que me hace sonreír con un franco humor tranquilo: siempre soñé con vivir en el siglo XVIII, añorando los trajes ampulosos de esa época… usé mucha , tal vez demasiada, energía mental en ello, porque me fascinaban las calzas blancas a ajustadas a los pies de esa época… bueno, con el tiempo, me salieron várices, y debo usar ahora medias elásticas muy similares a las que se usaban entre los petimetres de esos años barrocos… el destino me jugó una “sincronía” o algo así: me concedió lo que yo anhelaba, pero a la vez la concreción conllevó un sufrimiento, ya que uso medias así por un problema de circulación a la vez que no se ven, debajo de los pantalones!…

La clave de las sincronías es tomarlas con humor, siempre que no excedan el campo de lo dañino para un ser humano. Es como si un espíritu oyera algunas de nuestras palabras o anhelos y se propusiera cumplirlos, por eso hay que ser precavido con el Verbo… Una exacerbación del cuidado con el verbo, que tiene su raíz en la concepción divina de la palabra, el Logos, se relaciona con la sacralizad y la formalidad sacerdotales y muy restrictas en las fórmulas del derecho romano y la concepción mágica del poder del nombre propio, y de toda la cabalah.

Un entrecruzamiento de cosas cuya indagación curiosa e impertinente por parte del hombre puede derivar en una esquizofrenia grave, porque todo este orden de sincronías implica pensar a la realidad como un trenzado de símbolos, pero de manera literal, paradójicamente un nudo gordiano cuya inextricable trama puede ser acomodada por seres suprahumanos. Clarividencia y profecía serían acercamientos, casuales o conscientes, no lo sé, a esta fuente de un saber y de un ser totalmente ocultos.

Sin embargo, creo que debemos ir por la vida sin abismarnos en esto, porque puede ser fuente de muchas neurosis, y confiar primeramente, y por sobre todas las cosas, en la Misericordia y la Sabiduría de la Divinidad, dejando a ella todas las sabias decisiones, sin forzar nada… cosa nada fácil por cierto, guiados como estamos por nuestros anhelos un poco egoístas por momentos. Una conciencia limpia y claras convicciones morales justifican, por otra parte, nuestros actos por ellas mismas. Además, tenemos la libertad que Dios nos ha dado para forjar nuestro destino, mientras no dañemos concientemente a los otros.

Quizás cuando el hombre domine cabalmente (sin peligros ni arrebatos irracionales) su mente, pueda manipular esta vertiente mágica de realización, y cambie el orden de las cosas para mejorar la evolución humana. Ojalá se use para bien.

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