viernes, 16 de marzo de 2012

Viajes, deconstrucción, reconstrucción y Jung

Viajes, deconstrucción, reconstrucción y Jung


En los profundos encuentros conmigo mismo que emprendo durante mis viajes, aprendí a reconstruirme, a encontrar mi arquetipo de perfección, a esculpirme espiritualmente y a afianzar mis pasiones internas.

Una búsqueda helicoidal, como si se recorriera un laberinto, y donde las vueltas en torno a un centro hipotético y anhelado van acercándose cada vez más a ese zenit, hasta que lo enfocan... la tarea de la individuación que postula Jung, el recorrido del héroe que debe conocer sus monstruos internos y domesticarlos, para uncirlos al carro de su alma, antes que destruirlos.

Ese trabajo y ese viaje, que consisten en una lenta reconstrucción y reordenamiento de los fragmentos dispersos que, de uno mismo, están en nuestro interior, es una de las metas que me impongo en mis travesías.

Porque la fricción con el medio social resulta desgastante, sobre todo para aquellos que atesoramos un tipo psicológico introvertido y reflexivo, y que somos quienes más gastamos energía cuando se trata de luchar e interactuar con el mundo exterior.

Ese intercambio produce una segmentación y una deconstrucción que solamente puede remontarse por un camino inverso, en una labor interior de índole alquímica, sutil, con delicadísimos dosajes de mezclas donde intervienen sustancias espiritualmente volátiles y de difícil obtención y atesoramiento.

Los viajes son uno de los métodos más productivos para desandar la disgregación de las tareas cotidianas y sociales más profanas, que son como vientos destructivos para la calma del ánimo interno.

Regresar a la foresta amable y a su penumbra vespertina, plena de esa luz opalina que sólo el útero puede representar en el mundo físico, o los atardeceres y amaneceres, entre las frondas de una espesa arboleda o una caverna... entendiendo y palpando como suaves terciopelos las inclinaciones, los ideales y las utopías que me encienden.

Esa decantación, ese refinamiento son lo que me permite rearmarme, ensamblarme y darle flamante cohesión a mi espíritu, y por eso mis periplos de viajero son solitarios, en su mayor parte.

Levantar la imponente arquitectura interna de mis palacios mentales, afectivos y de comprensión del universo, tal es el primer motor y norte de mis viajes.


Diego Márquez Robledo

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