viernes, 16 de marzo de 2012

Niños

Adam Kadmon y Puer Aeternus

Se cuenta que la comisura de los labios del infante es un rastro del dedo del ángel Gabriel, enviado por D’os para sellar la boca del niño, y su recuerdo de lo que existe en el mundo que está más allá de la carne y las realidades físicas.
Cuando nacemos, este ángel, por mandato divino, nos impone su dedo como diciéndonos: ¡Silencio, calla, olvida!, pues si recordáramos los deliquios de la vida transmundana, nos sería muy difícil realizar nuestra misión in hac lachrymarum valle.
Esta muesca en los labios es la que posee también el dios-niño egipcio Harpócrates, divinidad del misterio en que deben estar envueltos los sagrados arcanos accesibles sólo para hierofantes, iniciados y cofrades de las logias secretas que oficiaban en las recónditas y oscuras catacumbas de los templos y pirámides.
Para los cabalistas, la palabra ieled, niño, esconde un gran secreto. Se dice que un niño es un proyecto en el que intervienen tres contractuantes: su Padre, su madre, y Dios. Los tres son partes en ese hombre que debe ser traído a la existencia y formado de la mejor manera posible. Por eso la misma palabra está asociada a la raíz de estudiar y de discípulo: lomed, que nos recuerda tanto a la elevada letra lamed, que asciende en busca de lo superior, y por eso mismo, nos recuerda al verbo francés coloquial para expresar instrucción y educación: élever, junto con el vocablo para alumno: élève.
También en latín alumnus proviene del verbo alo, e implica aquello que aún debe crecer, elevarse, acercarse más a lo superior. En todos estos vocablos vemos participar a la letra más elevada, la lamed, la letra reina la que aspira a las mayores alturas, y por eso mismo, es un tanto pretenciosa.
Ieled, niño, abriga un secreto muy hermoso: por gematria, suma 44 el mismo valor que dam, sangre. Ahora bien, si entendemos que todo niño es un proyecto de un nuevo hombre en el que intervienen tres partes, veamos cómo esto lo expresan los valores mismos: Hombre, Adam en hebreo, vale 45 por gematria, mientras que niño vale 44. Si sumamos los valores de padre y madre (av = 3, más em = 41, obtenemos al niño, ieled = 44. pero si a este proyecto se le viene a sumar D’os mismo, cuyo número es la Unidad, obtenemos al hombre! Adam: 45… bellísimo juego de gematria.
Sin embargo, a D’os mismo podemos concebirlo como un niño infinito, Puer Aeternus, que juega construyendo y reconstruyendo universos, con la alegría despreocupada de su infinitud., y a todo el universo como sus castillos de arena, como sus fortificaciones de cubos de madera…
Sin embargo, esto es posible, la Divinidad como un ser en perfecta felicidad que entre carcajadas levanta olas de belleza, ya que así como el niño es un ser que no está terminado, D’os alberga en Sí mismo esta capacidad para seguir construyéndose, para modificarse, es un aspecto más de su inabarcable infinitud. Este Puer Aeternus vale 45, ya que es el Adam Kadmon, aun siendo, paradójicamente, puer, ieled, ya que es la Divinidad misma.

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