viernes, 16 de marzo de 2012

Cábala de la mano

Cábala de la mano

Cavilar es un vocablo que misteriosamente recuerda demasiado al término qabbalah, como para no ver allí una causa sobrenatural, ya que así considerado, refiere a cierta recepción gratuita, por gracia divina, de conocimientos arcanos que ayudan al ser humano y lo adentran en los misterios del pensamiento divino, de manera que esa actividad afín a la profecía, pues pone en contacto al hombre con el seno mismo de la Divinidad, lográndose una comunicación con la Mente Suprema.
En una de estas comunicaciones se me ha revelado una serie de secretos bellísimos en relación con el más bello de las partes que son creación de D’os en el hombre: la mano.
Si consideramos el término mismo, mano, vemos que está emparentado con la palabra anglosajona para Adam: man, de manera que es el miembro que por excelencia define y manifiesta la armonía y la inteligencia supremas con que el Creador formó al ser humano, y la expresión más cabal de su íntima belleza.
Por otra parte, el vocablo puede asociarse a Mens, la mente, y a mousa, (palabra griega derivada de monthya: lo propia de las actividades mentales), con lo que la mano se emparenta y vincula con las actividades intelectuales propias de la mente, restableciéndose el connubio que existe (pues la distinción es mezquina) entre las actividades propias del intelecto y los movimientos espirituales, y su consecución y realización, la actividad en el plano práctico y material del mundo físico.
La palabra hebra para mano encierra el enorme secreto de la arquitectura sutilísima de la mano humano, ese ingenio impresionante que nos hace alzar las manos y elevar alabanzas a la Omnipotencia del creador.
La palabra es iad, y está formada por una iod, que vale 10 y que justamente es la mano, y la dalet, que vale cuatro. De manera que la gematria para el vocablo mano es 14: 4 + 1 = 5. Comienza entonces a revelarse la arquitectura de la mano, que cuenta con cinco dedos, pero también en la disposición de esos cinco elementos se observa en la mano, pues tenemos la oposición dialéctica entre iod (que es la mínima letra y que representa a la unidad) y la dalet, que vale cuatro, lo cual se refleja en la mano en la característica única del ser humano que posee su pulgar (la iod) oponible a los otro cuatro dedos, m manifestando esa capacidad de autocuestionamiento, en un misma unidad, que es la mano, de ella misma, y la existencia conciente: no sólo es, el hombre, sino que sabe que es, plegando (como el pulgar que se opone a los otro cuatro dedos) y conociéndose, autoexplorándose, autocomentándose, que es a su vez el reflejo de la capacidad Divina de autoindagarse, autoexplorarse y hasta de autocuestionarse.
Otro término interesante relacionado con la raíz latina utilizada para mano es men, que se encuentra en relación con la medición (no diferente de la raíz para mente, ya que ella es la que analiza uy mide). Raíz que origina moon, luna, como el astro qu produce la medición de los menses, los meses, raíz que representa a la actividad de Binah, que es el proceso analítico del intelecto que construye en base a partes organizadas en sistemas complejos.
Ahora bien si regresamos al término hebreo para mano, iad, y vemos que suma 14, número que cuando es reducido a un dígito produce 5, que son los dedos de cada mano, debemos tener en cuenta que la letra hebrea hei, que vale cinco, está formada justamente por una iod debajo de una dalet, que esquematiza la mano humana; hei es la letra de la bendición, la bendición que se realiza con la mano, y que es justamente la quinta letra del alefato.
La mano es la obra maestra de la arquitectura divina, y en ella se aprehenden los arcanos mismos de la actuación de la Divinidad, y es la materialización misma de las letras del alefato. El alefato está compuesto por 22 letras, más las cinco finales, de manera que tenemos 27 caracteres, entres grupos de nueve, uno para las unidades, uno para las decenas y otro para las centenas. En la mano, existen 29 huesos porque las letras son 29, de manera que se revela maravillosamente un vínculo necesario y oculto entre las letras del alefato hebreo y los huesos que forman el más complejo, más dúctil y más elaborado de todos los miembros del cuerpo.
En este vínculo inescindible y esencial entre los huesos de la mano con las letras, vemos una vez más restablecido y viviente el nexo entre la actividad física (de la que la mano es expresión excelente), los actos, y las acidadse espirituales e intelectuales, ya que en ambos casos vemos que son sistemas de 27 individualidades que se conjugan y articulan para formar combinaciones en movimiento capaces de emitir infinitos mensajes.
Veamos ahora un gran arcano: que las manos, en su dualidad, escriben el nombre de Adam: para ello debemos tener en cuenta la impresionante importancia que revisten los números especulares. La Divinidad se mueve en todos los sentidos, y esto, simultáneamente, cosa que nos está vedado entender de manera racional. Ello da origen a las permutaciones del tseruf como forma de indagar los textos Sagrados, y los vocablos, que son las construcciones de la inteligencia, ya que la Divinidad circula por las letras como el espíritu la carne y los huesos, y concibe todo desde todos los ángulos y en todas las direcciones a la vez; eso entendido, podemos comprender que todo número, una vez surgido a la existencia, crea simultáneamente a su reverso, cosa que resulta evidente en el caso de vida, haiim en hebreo, que vale 68, y su reverso especular, el 86, que es el número de Elokim, que es la expresión en acto de la Divinidad en su aspecto manifestado como naturaleza (que también vale 86 cuando está bendecida, y reconocida como expresión del Creador: hatebah: la naturaleza .
Aclarado ese punto sobre los números especulares, podemos dar el siguiente paso: si contamos todos los huesos de ambas manos, debemos multiplicar por dos los 27 de cada una de ellas, operación que da como resultado 54; si invertimos especularmente el 54, obtenemos el 45, que es el número que por gematria produce el término que define al hombre en hebreo Adam: por ello, vemos la importancia de las manos en el hombre: ya que la cantidad de huesos que ambas poseen escribe la cifra de su esencia: el 45 (45 es la sumatoria de todos los números de un dígito: 9 +8+7+6+5+4+3+2+1) .
No en vano utilizamos en nuestro lenguaje coloquial los términos asir y captar (palabra que recuerda a caf, otra palabra para mano en hebreo) como sinónimos de entender. Y esto porque si reflexionamos cabalísticamente veremos que intuitivamente el hombre sabe que existe un nexo oculto entre el agarrar con la mano y el entender con la inteligencia. La capacidad y la flexibilidad del hombre para adecuarse, y establecer un vínculo con la realidad, el aprendizaje, es la ductilidad de su esencia inteligente, y esto en el plano de la realidad física se manifiesta con la capacidad de carpir o agarrar que tiene la mano y su elasticidad increíble. No en vano la cuando al envejecer algunos individuos se vuelven menos flexibles y más tardos para comprender, se ven aquejados por artritis y artrosis, que no son más que reflejos somáticos de su imposibilidad progresiva para adecuarse y la pérdida de su elasticidad espiritual.
Entendiendo esto, vemos que la flexibilidad de la mano y la del iris van de la mano, ya que la progresiva dureza del iris para enfocar (que genera la presbicia) es también una somatización del endurecimiento de las capacidades de comprensión del otro y de adecuarse a lo externo que aqueja a los ancianos, en gran cantidad; por ello, artritis y artrosis no son más que la acumulación cristalina de fijaciones y prejuicios, y la imposibilidad para conservar la ondulación saludable de un espíritu que sabe entender al prójimo. No en vano aprender es aprehender, rodear y agarrar un concepto, término que proviene de cum, y capio, compuesto que significa agarrar con la mano, vocablo cuya raíz arcana no es otra que la de caf, mano.
Prosigamos. Algo de importancia impresionante es considerar dos partes en la mano: la parte manifiesta y la parte oculta, esto, en relación con los huesos. La porción manifiesta es la que ocupan las falanges visibles: los dedos: está formada por dos falanges en el pulgar y tres en cada uno de los cuatro dedos que se oponen al pulgar. En total: 14 huesos. Representan al plano manifestado de la Totalidad y son la duplicación del número con que vibra el plano de la manifestación plena: el 7.
Frente a estos 14 huesos, tenemos los que se hallan ocultos; se trata de trece huesos, uno menos que los manifiestos. El 13 que habla de la unidad que subyace en el Único Santo, el Creador, Bendito Sea.
Ahra bien, si consideramos al pulgar con sus tres falanges, y que se puede oponer a los otro cuatro dedos, a la vez que cuenta con dos falanges explícitas y una oculta, comprendemos que hace referencia l creador como partícipe de la creación ((el pulgar forma parte de la mano) pero a la vez puede diferenciarse de ella y la trascinde; por otra aprte, está formado por tres falanges (os cabalistas en muchas ocasiones entendieron la trinidad del creador acordaron con esta idea); esta trinidad es coherente con el hecho de que dos falanges sean explícitas y una oculta, como que una parte del Creador nunca se muestra y es inasible (Padre) y las otras dos (Hijo y Espíritu Santo) sí son manifiestas. El pulgar es entonces la iod divina, de la cual una parte está oculta en un misterio insondable y su resto, las dos falanges visibles, son la dualidad que es la forma en la que se despliega en el mundo comprensible.
Si tomamos los dedos extremos y medios de ambas manos, a saber, ambos meñiques y ambos pulgares y asignamos al meñique de la derecha el valor 1, y la letra aleph, veremos que la hei, la vav y la iod (que son las otras letras junto con la aleph que se refieren de manera especialmente idónea a la Divinidad, son encarnadas por los otros dedos mencionados, de manera que aleph, hei, vav y la iod, forman los extremos y los medios de los dedos de ambas manos, y si sumamos sus valores, obtenemos el número de las letras del alefato: 22 (aleph = 1 + hei = 5 + vav = 6 + iod = 10).
Exploremos el pulgar: es triple, y una parte se halla oculta mientras que dos son explícitas, de manera que la Divinidad es Única, pero en la realidad se manifiesta como una lucha de opuestos. Los restantes dedos pueden entenderse como órganos séxtuples, con tres partes manifiestas y tres ocultas: de manera que son unidades formadas por seis pequeños huesos, unidades de cada una de las cuales una mitad visible, otra invisible, de manera que cada uno de estos dedos, largos como una vav, aluden a la condición del hombre como pontífice o mago entre dos realidades, y son reflejos de la columna vertebral: el hombre que es nexo entre el mundo invisible y el manifestado, ya que une ambos planos, y contiene una mitad en el mundo arcano, y otra en el plano de la manifestación.
Lo cierto es que si nos ponemos a reflexionar, no existe otro sistema más complejo, por la cantidad de huesos que involucra y por la sutileza de diseño que demuestra, que la mano en todo nuestro cuerpo.
Otra reflexión muy interesante en relación con estas dos partes de la mano, la manifiesta y la oculta, es lo que podeos indagar en la carne que recubre los huesos escondidos: en la palma, por el lado secreto, están ls pliegues y surcos , los jeroglíficos en que se configuran las características de lo que nos depara el destino, como tendencias psicológicas, pero también algunas de las circunstancias y problemas que deberemos enfrentar en la vida. Jesús habla que el momento de la muerte es algo que sólo conoce el Padre, y esto se encuentra de conformidad con el hecho de que el ámbito del Padre Único y Supremo es el mundo oculto, representado en la mano por los huesos que se hallan disimulados en la palma, lo cual hace comprensible que allí se reflejen en las líneas, a a modo de jeroglíficos, las tendencias de lo que nos deparará la vida y nuestra complexión psicológica interna.
Habíamos habado de la importancia de los números especulares, por esa misma razón, una importancia particular reviste aquellos números que son reversibles sin diferencia al invertirlos: tales como el 11, el 22, el 33, el 44 y el 55.
Esto tiene que ver con la disposición de las dos manos enfrentadas. Veamos:
Los dedos de ambas manos nos revelan el número de la totalidad: el diez que es el valor de la iod, la letra más pequeña; paradójicamente y en nexo claro, la Aleph, que es la letra más compelja, la primera y la de mayor envergadura, vale 1; de manera que ambas son expresión de la Divinidad como lo más pequeño y lo más grande, que trasciende hacia adentro y hacia afuera la creación, revelándonos que D’os es y no es su obra y que a un mismo tiempo trasciende al mundo que es su obra pero misteriosamente subyace en él: iod, la letra más pequeña, posee el valor más grande, aleph, la más grande y compleja, el valor más pequeño, y es la primera.
Otro aspecto interesante (sobre el que me parece inecesario más indagación todavía) es que dos letras contiguas (iod y caph), una que cierra el ciclo de las unidades completando la primer decena, y la contigua, la caph, refieren a la mano, la iod posiblemente la mano abierta, y la caph la mano que agarra y aferra, o que contiene, y ambas son letras de gran poder en qabbalah, importantísimas; lo interesante es que son dos letras contiguas que se hallan prácticamente en el centro del alefato, una cerrando las unidades y la otra encabezando las cifras más elevadas.

El secreto de la indagación, de la humildad y del asombro

Man mano Mens hombre inteligencia y mano asociados siempre
El número de lo manifestado es lo múltiple
El uno oculto detrás desde lo múltiple

Justamente el pulgar es el que hace la diferencia, el pulgar oponible, donde tenemos la trinidad, hijo y espíritu santo visibles y el Padre oculto, el Padre puede cuestionar y oponerse (entendido aparte del mundo) o EN él,

Contar reglas de mnemotecnia
Los dedos de la mano sirvieron para asociarlos a cosas intelectuales ahí se confirma el hecho de que la mano es la tá relacionada con la inteligencia

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